Un termómetro financiero para Bolivia

Publicado: octubre 21, 2012 en OPINION

Opinión

Por Marianela Calle (*)

En 1998, en Bolivia estalló una crisis económica de proporciones monumentales. Entre dicho año y 2003, el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita descendió en 15%. Los gobiernos neoliberales plantearon una serie de medidas para tratar de reactivar el aparato productivo del país, pero poco o nada lograron, pues el Estado tenía escaso margen de acción dado que el déficit fiscal era cuantioso (8,8% del PIB en 2002). Asimismo, la orientación del modelo neoliberal privilegiaba a las grandes transnacionales olvidándose del fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas existentes en el  territorio nacional.

No funcionaba la ‘teoría del goteo’, por la cual todos deberíamos ser beneficiados con la ‘capitalización’ gonista. Sin embargo, debe considerarse que el problema actual de la economía es el mismo que intentó combatirse en la década de los noventa: la falta de inversión.

Bolivia necesita inyección de capitales para realizar inversión pública y privada. Aunque el desempleo ha disminuido de 8% en 2006 a 5,5% en 2011, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), persiste una alta informalidad que, según estimaciones no oficiales, bordea el 60% de la población económicamente activa.

Para resolver este problema, los neoliberales promovieron la inversión extranjera directa (IED). En 1998, la IED llegó a 1.204 millones de dólares. Sin embargo, pese a este impresionante resultado, la misma se concentró en actividades extractivas. Asimismo, el retorno de dichas inversiones fue alto pues bajo la legislación de aquella época las transnacionales se llevaron 75% del valor de producción hidrocarburífera mientras que el Estado se quedaba con 25%. En resumidas cuentas no era un buen negocio para el país.

Actualmente, con el objetivo de promover la industrialización del país, el Gobierno boliviano está realizando gestiones para la emisión de bonos soberanos. Con esto se busca diversificar las fuentes de financiamiento para desarrollar una alternativa financiera en el mediano plazo.

La carta de presentación boliviana es atractiva, ya que durante tres años consecutivos las calificadoras internacionales de riesgo elevaron la calificación de Bolivia. A ello se suman las afirmaciones de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), que, según el informe emitido en el presente año, calificó como “impresionantes los resultados económicos” obtenidos. La misma aseveración es reiterada y ratificada en los informes del Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en el que destacan la sostenibilidad y solidez macroeconómica del país en los últimos 5 años.

El beneficio de esta medida radica en que la emisión de bonos de deuda pública implica un proceso de evaluación y monitoreo a cargo de organismos internacionales de reconocida trayectoria e imparcialidad como son Standard & Poor’s, Fitch Ratings, o Moody’s.

Mediante la emisión de bonos se transparentará aún más la información económica, ya que los países que realizan emisión de deuda soberana son monitoreados y reciben periódicamente una calificación de riesgo.

Estas calificaciones evalúan indicadores y proyecciones macro y microeconómicas, como son la evolución del crecimiento económico, inversión pública y privada, inflación, tipo de cambio, posición fiscal y comercial externa, capacidad de repago de la deuda, etc. Consecuentemente, Bolivia recibirá una calificación de riesgo internacional, la cual será una señal tanto para inversionistas privados nacionales como extranjeros para realizar inversiones en el país.

Como decía Morris A Cohen “Todo lo que se puede medir se puede gestionar”, en sí la economía boliviana estará siendo evaluada permanentemente dando por resultado información objetiva constituyéndose en señales económicas para invertir, producir y generar empleo.

Los beneficios no son sólo para el Estado. Si el país acomoda a una tasa razonable sus bonos soberanos será una poderosa señal para que las empresas privadas nacionales accedan a mercados internacionales en buenas condiciones. Adicionalmente esto puede influir de forma positiva en la atracción de inversión extranjera directa. En una lógica enteramente distinta al pasado.

(*) Estudiante de Administración de Empresas en la UMSA

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